Umbralejos (Guadalajara)
Era la típica mañana de domingo, en que coges el coche, a tu pareja, la cámara de fotos, metes unos bocatas en una bolsa térmica, patatas fritas, un par de refrescos y te lanzas a la carretera sin rumbo establecido. A los pocos kilómetros, un desvío y el copiloto en un arrebato de osadía dice tira pacá!. Hora y media después de varios tira pacá, tira payá, llegamos a un pueblo sin vida. Hacía mucho tiempo que allí no había actividad alguna. Cámara en mano, con la intención de buscar resquicios de vida y con ello despertar al pueblo de su ensoñación, de su mal sueño, de su letargo, caminaba por las calles silenciosas mientras mi media naranja iba a lo suyo. Capté varios primeros planos de flores que crecían del asfalto, en las aceras, había vida allí pero solo ojos expertos eran capaces de verla. De repente entre los ladrillos, vi jugar al escondite a una lagartija lo que me llevó a mirar con detalle la pared y pude ver algo que me llamó la atención, era un pliego de papel amarronado por el polvo y el tiempo metido en un hueco de un ladrillo. Lo desplegué intentando que no se me destrozara en las manos. Lo abrí y pude ver lo siguiente escrito con letra femenina: “te esperaré por siempre”.
Cinderella

No hay comentarios:
Publicar un comentario